Las imágenes como lugares de lo real y posibilidades de agencia

Retrato de Gustavo Adolfo Bécquer realizado por Valeriano Domínguez Bécquer

José Pedro Aznárez

Las imágenes y los relatos forman parte integral e indiscernible de la realidad y experiencia humanas. Son a la vez una construcción social y constructoras de realidad. Pero no son elementos autónomos, sino que sus significados y su capacidad para generar experiencia dependen de las relaciones que se establezcan cultural y subjetivamente entre ellas y el resto de lo cultural, los imaginarios, los mitos, etc. y por eso son contingentes y cambian sin cesar. Precisamente por ello, podemos intervenir en el modo en que el mundo es construido y comprendido elaborando nuevas interpretaciones sobre las imágenes, facilitando nuevas posibilidades de experiencia y/o creando imágenes.

Cultura Audio y Cultura Visual

Cultura audio y cultura visual

Daniel García Bonelli

Según la leyenda, en el año 753 a. C. dos hermanos, que habían sido amamantados por una loba, disputaron por la fundación de una ciudad. Eran Rómulo y Remo, y la ciudad, Roma. Cuál de los dos tendría el derecho a fundarla lo decidirían los dioses; el problema era comunicarse con ellos. ¿Cómo nos hablaban los seres celestiales? ¿Cuál era el lenguaje de los dioses? Para los romanos era visual: en este caso la aparición de unos buitres.

La enseñanza de la teoría fotográfica en las Escuelas de Arte españolas. Una visión personal.

Rocío González

En este comunicado trato de plantear mi visión personal, como docente, sobre la situación de la enseñanza de la Teoría de la fotografía en las escuelas de arte españolas.
Oficialmente, se basan en unos contenidos mínimos que son publicados por la administración competente. Estos carecen, en mi opinión, de cierta información relevante, haciendo que la formación del alumnado sea incompleta, ya que les priva de las fuentes principales a partir de las cuales se desarrolla la Teoría de la fotografía.

Los Piraha y las mayúsculas

Ilustración de la cubierta del libro "No duermas, hay serpientes" de D. L. Everett

Javier Navarro Moragas

El maici es un serpenteante cauce fluvial que se vuelca al río Marmelos, el cual tributa sus aguas al generoso Madeira, quien finalmente entrega todo su caudal al majestuoso río Amazonas. Así sucede desde cientos de miles de años al noroeste de Brasil, en la cuenca tropical de la selva amazónica. A las orillas del Maici habitan los pirahã, una pequeña tribu que sobrevive al envite de las civilizaciones avanzadas manteniendo su cultura y su lengua originales intactas. Hace ya tres décadas Daniel L. Everett, por entonces un joven pastor predicador, viajó hasta aquel lugar con la misión de acercar la palabra de Jesús al pueblo indígena. Al objeto de traducir el Libro Sagrado a la lengua nativa, Daniel se aplicó en aprenderla. Pero aquella lengua llevaba implícita el germen de su cultura original, y en lugar de convertir a aquellas gentes lo que le ocurrió al joven reverendo fue que descubrió, a través de la sencilla alegría y sana espontaneidad del pueblo pirahã, la extraordinaria belleza de un orden natural que le conduciría a replantearse su propia fe. En palabras, hoy, de Everett: «He pasado de ser un firme creyente a un ateo».

La Tipografía en relación al Diseño, la Sociedad, la Propaganda y el Arte

Primates observan con curiosidad un misterioso monolito en Odisea del espacio

Javier Navarro Moragas

Una piedra de casi tres millones de años de antigüedad hallada en Kenia en las inmediaciones del lago Turkana nos avisa hoy del amanecer del Hombre. La observación de su forma y superficie es para el observador moderno el preanuncio de una facultad intelectiva expresada en un acto de creación que transfigura la roca natural en herramienta para la subsistencia. Esa sencilla piedra, que contiene la huella inequívoca de un acto inteligente y premeditado, evolucionará luego hacia el ingenio de la nanotecnología, hacia la excelsitud de las ciencias del pensamiento y hacia la sofisticación de las formas del arte. Como aquel célebre monolito kubrickiano, la piedra keniata se yergue en la meseta como un hito del intelecto, epifanía de una especie emergente que jugando incesantemente a ser dios intervendrá los ritmos naturales en propio beneficio dejando con ello, en un largo itinerario de cientos de miles de años, el vestigio de sí mismo y de su espacio cultural.